viernes, 14 de marzo de 2008

Perdedores

Sé que muchas veces hablo de muchas canciones que significan algo para mi. La mitad de mi vida es la música y sin ella no sabría como vivir. Tambien sé que estais hasta las narices de que os ponga por las nubes a Morrissey, de que os diga lo mucho que significa para mi, pero es que hasta ahora no me canso de preguntarme como es que este hombre sabe tanto de la vida y como es que es capaz de plasmarlo tan magnificamente en sus canciones. Como por ejemplo en el tema del que voy a hablar hoy, una canción que siempre llevo presente, "Boxers".

Boxers no es uno de sus grandes hits, ni siquiera aparece en uno de sus ocho discos, es simplemente la cara B de uno de sus singles, como si estuviera destinado a ser una joya oculta. Y sin embargo es uno de esos temas que se acaban grabando en tu memoria a fuego, uno de los que mas facilmente puedes sentir mientras lo cantas, como si fuera un himno futbolístico, y que de hecho sabes sabes que, si fueras un chaval más, nacido de la barriada mas marginal de Manchester, sería repertorio obligado de tus noches de borrachera.

Boxers, primeramente, cuenta la historia de un boxeador. Un pugil que tras muchos años batiendose el cuero sobre las lonas de mil garitos clandestinos, sabe, es plenamente consciente, de que su momento de retirada ha llegado. No solo es eso. Es que él, en lo más hondo de si mismo, esta cansado de toda esa vida, de todo ese mundo, de, como dice Morrissey, "el sonido (de la campana), el olor (a sudor), y el spray". Sabe que su momento de gloria, pauperrima pero gloria al fin y al cabo, ya ha pasado, y que es momento de dejarlo todo atrás. Hace ya tiempo que ha pasado, y sin embargo se vuelve a ver, una vez más, sobre el ring, haciendo lo que mejor sabe hacer, lo que lleva haciendo toda su vida y para lo que nació. Pelear. Y sin embargo, esta vez, como le viene sucediendo ultimamente, ademas del infierno de volver a enfrentarse contra todo aquello, está perdiendo.

Y es que hoy es una ocasión especial. Esta perdiendo. Y lo esta haciendo delante de su público, el de su propia ciudad, el que tantas veces lo ha aupado, y que en este momento sigue animandolo, aunque él no esté muy seguro de que lo hagan de corazón. Y porque ademas empieza a ver, o mas bien a atisbar a traves de su ojo morado, las caras de desilusión de los que hasta ahora le han apoyado, como su mujer, que discretamente se retira del pabellón, sin hacerse notar, casi asumiendo la derrota y pensando en que será de ella a partir de ahora.

Y en medio de todo está él, deseando que los minutos corran y que la campana, como una liberación, suene de nuevo. O por lo menos "que el suelo se abra y le trague" de una vez. Y lo que mas le duele, en medio de todo eso, no solo es ver la cara de su sobrino, su fan número uno, que esta junto a lona dandole gritos de ánimo y creyendo todavia en su victoria de corazón, como si le diera la espalda a toda la realidad (su único pecado es creer en lo que un dia él mismo creyó). Lo que más le duele es saber que aunque un dia trate de darle la espalda a todo aquello; al ambiente de tensión, al miedo al contrincante, al entumecimiento de los golpes o a la soledad del ring; por mucho que trate de dejar todo eso atras...él siempre será será lo que es ahora y fué siempre...y por muchas veces que vuelva a levantarse y caer, y por mucho que trate de renegar de todo, esas mismas sensaciones le acompañarán hasta la tumba.

Lo que sabe perfectamente, aunque quizás no quiera reconocer, es que es un perdedor. Lo ha sido siempre desde que nació y siempre lo será. Y aunque pueda tener sus pequeños momentos de gloria, siempre le va a acompañar ese pequeño pugil, de cuerpo aparentemente fragil, pero de gran agilidad, que estará dispuesto a despertarle, a base de derechazos, a la realidad tal y como es, en cuanto él sea capaz de atreverse a soñar con algo mejor. Y sabe que por mucho que quiera renunciar y tomar otro camino, su destino es seguir luchando contra ese adversario. Sabe que no puede ganar el combate, ni mucho menos el título, sabe que nunca alcanzará su sueño, pero nunca jamás dejará de levantar la mano para gritar que sigue vivo...y que nadie tire la toalla por él.

Y frente a todo esto, está Morrisey, viendolo desde la distancia en la grada, pero conociendo las palabras tan bien como si él mismo fuera parte de todo aquello. Y frente a todo esto, no puede hacer mas que cerrar los ojos y lamentarse.

Y al final, nos acaba contando una historia que nos suena a todos un poco. Una historia de una lucha por un fin. Una historia en la que nosotros mismos nos subimos al ring de la vida con toda la fuerza de nuestra confianza detras del puño. Un momento en el que nos sentimos mas arropados que nunca, y en el que no podemos pensar mas que en los puntos flacos de nuestro contrincante. Una lucha en la que, a pesar de recibir los primeros embistes, seguimos dando la cara para que nos partan la otra mejilla. Un instante en el que casi podemos notar el sabor salado de la victoria en nuestros labios. Y una cuenta atras final de la que, como siempre, salimos derrotados...

Y a pesar de todo, seguimos adelante. Terminamos, aunque no queramos, volviendo a plantar cara a los mismos demonios. Volvemos a esa lona, a esos sonidos, a ese olor, y a esas sensaciones, aunque sepamos que la batalla esta perdida de antemano. Y aunque guardemos un cierto temor en el interior, vamos con mas ganas que miedo. Porque en el fondo sabemos que somos unos perdedores. Sabemos que nuestra dulce condena está encima de ese ring, y que lo que mejor sabemos hacer es escupir al suelo ese diente que nos acaban de partir y mantener el rostro desafiante hacia el infinito, que es lo único que sabemos que esta por venir.

"El dolor es como un invitado borracho. Cuando piensas que ya se ha ido, vuelve para darte un último abrazo"

"...you will return one day,
because of all the things that you see
when your eyes close..." (Boxers, Morrissey)

jueves, 6 de marzo de 2008

Una canción

Hoy no tengo ganas de contar nada en particular. Son muchas cosas las que estan rondando mi cabeza, demasiados cambios, demasiada información y un montón de retos y expectativas por delante. Pero esta noche no tengo ganas de escribir sobre ello. Esta noche solo tengo ganas de fumar un último cigarrillo en la ventana, viendo las calles desiertas, teñidas de amarillo por las farolas que ya no iluminan a nadie, y despues echarme en mi cama a esperar a que el sueño me libere de todo durante unas horas. Y mientras, poner una canción especial, para, mas que escucharla, sentirla, y que me sirva de barca de Caronte en el viaje hacia ese descanso.

Mañana vendrá otro día con mas nombres y mas voces, puede que algun nuevo paso, y quien sabe, quizas tambien con una sonrisa. Pero ahora mismo solo existe la oscuridad de esta habitación, el frio descanso de esta cama y la dulce letania de una canción, que hoy, suena mas que nunca a mi.


La vista de la playa del Orzan es "prestada" del blog de un viejo amigo.