sábado, 26 de enero de 2008

La luz y todo lo que no ilumina




Es curioso lo mucho que cambia todo en función de la cantidad de fotones que flotan en el aire.



Hoy me apetece hablar sobre la luz, más que nada porque de un modo extraño tiene muchísima importancia en mis sueños. Suelo soñar mucho y aunque me olvide de algún detalle siempre recuerdo la iluminación del escenario: artificial, natural, de un día nublado, proyectada de un modo oblicuo, nocturna … Lo recuerdo y se me graba.



La luz nos cambia, somos así de sencillos, en verano hay más luz y más horas de la misma y estamos contentos porque si. Y de ahí aquello de que la primavera la sangre altera, porque nos cambia el biorritmo totalmente, el cuerpo se descontrola porque sus horas de sueño o de descanso se interrumpen por más horas de luz y el cuerpo humano es tan listo, que por lo general se comporta de un modo estúpido. Curiosamente, cuando apelamos al romanticismo solemos recurrir a la tan nombrada “ luz de la luna”, que siendo justos, todos sabemos que no es “su” luz precisamente. Pues bien, el sistema visual humano está diseñado de tal modo que en la oscuridad o en condiciones escotópicas ( escasez de luminosidad) no somos capaces de distinguir los colores, lo vemos todo en blanco y negro, o mejor dicho en tonos de gris.



Seguramente no os habíais parado a pensarlo pero es cierto, tus vaqueros son del mismo color los percibas con la luz que sea, eres tu el que falla y no eres capaz de distinguirlo. Pues bien, todo esto viene a que hace un par de noches me desperté y noté lo diferente que era mi cuarto … suelo dormir con la persiana subida, me gusta que me despierte la luz del sol por las mañanas, serían las cinco de la madrugada, más o menos y todo era distinto, gris frío, muy frío. Era mi ropa, mis muebles, mi mono de peluche, mis zapatillas mis brazos, mis mano … pero todo desprendía la sensación de estar una temperatura gélida, deformado de un modo incluso tétrico por la falta de luz, o por mi exceso de diámetro pupilar … No pude conciliar el sueño, permanecí desvelada y entre intento e intento de dormir de nuevo abría los ojos y según pasaban los minutos y comenzaba a amanecer todo el cuadro se recomponía y empezaba a parecer más cálido, ya no parecía que si me levantaba de cama me convertiría yo también en una estatua de sal pintada en indomable gris …




Pues no dejó de parecerme curioso, el simple hecho de que darle al interruptor y tener luz cambiaría en menos de un segundo la imagen que tenía en frente. La luz de la luna, o mejor la oscuridad de la noche lo cambia todo, lo deforma y según el momento hace que lo percibamos todo de un modo más tétrico o más romántico y quizás peco de retorcida pero no deja de parecerme irónica la vuelta que le damos a todo. Lo que cambia una palabra en según que contexto, una mirada en según que situación, tu cuerpo en función de la luz. Nos hemos montado un mundo demasiado grande sobre unos pilares de cartón, todo lo que nos rodea cambia por cualquier nimiedad dando giros de 180º y aún así nos creemos capaces de decidir el camino de nuestros pasos, le dirección de nuestras vidas cuando todos estamos a expensas de algo ten minúsculo como un fotón.



Puede que fuera la falta de sueño, que me sobre el tiempo libre, que tuviera ganas de llenar un hueco … Pero la próxima vez que os despertéis en la noche probar a ver vuestro alrededor con y sin luz artificial … a qué da miedo que tus manos ya no tengan el mismo color?




Por lo demás... recuperándome, lenta pero segura aunque esto de enterarte de todos los giros que da el planeta...




“ … me levanté y mi cuerpo se vio azotado por el frío, no aquel que notaban mis pies descalzos en las baldosas, sino el frío que cala hasta los huesos cuando la luz de la luna proyecta sombras en tu piel …”

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