jueves, 13 de diciembre de 2007

Heal over

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Cuando ya no te queda alcohol de 90º en las estanterías, bien porque no lo has comprado bien porque lo has gastado en las heridas de otras personas, es cuando vuelven a sangrar las tuyas. Y en estas ocasiones las que sangran nunca son heridas nuevas si no antiguas cicatrices que se abren para recordarte que las escaras nunca llegan ni a abrir ni a cerrar del todo, se mantienen en el tiempo para darte en forma de dolor pequeñas dosis de realidad. Porque el dolor no es más que eso, un indicador que tiene tu cuerpo para informarte de que está mal; el cuerpo no tiene alarmas de seguridad que hagan tiruriru cuando te esté subiendo la fiebre o te hagas un corte con el cuchillo… tiene que doler, si no morirías desangrado, tiene que doler para darte cuenta de que está pasando algo malo. Pero las heridas que no se ven, las que no tienen imagen física, aunque no sangren si escuecen…


Pues bien, en estas ocasiones es cuando toca hacerle caso a la madre naturaleza y seguir sus enseñanzas; que no queda alcohol ni nadie nos lo presta??? Bueno, pues toca lamerse las heridas uno mismo, como los animales que somos; recurrir a lo poco que nos conocemos e ir a buscar donde sangre para cortar la hemorragia y procurar desinfectarla para que no se ponga peor…para curar las yagas más profundas hay que tirar de amor propio por mucha ayuda que nos presten.

A mi me ha costado mucho tiempo, dos perros y 1200 cicatrices de guerra darme cuenta de este paso… Y aún así, sin ir más lejos esta misma semana me reencontré con restos de sangre en la almohada. Supongo que el cuerpo empezó a mandarme señales para que procurara adelantarme a la que se me venía encima. Al principio, no quise hacerle caso, pero creo que ya he localizado el origen del sangrado. Por primera vez he sido capaz de adelantarme a la avalancha de dolor y me he conseguido frenar el problema a tiempo; lo curioso es que está vez lo que más ha dolido no ha sido la herida, si no comprobar que ésta conserva la capacidad de sangrar. A ver si ahora consigo cambiar el curso de la regeneración , o al menos conseguir que se despierten menos y con menor frecuencia, porque no soy tan ilusa como para creer que las puedo curar del todo, ya no, y mucho menos hacerlo de golpe y sola. Por el camino procuraré no sólo ayudarme de mi propia saliva, el alcohol (no necesariamente de 90º) y la buena compañía espero me hagan más dulce el trance.


En el fondo lo de sentirse vulnerable, necesitar de ti y de los demás, caer y volver a levantarse, también tiene su punto…

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